Rudolf Steiner
y la Psicologia AntroposóficaCuenta Steiner en su autobiografía que estaba completamente seguro de que en nuestro tiempo la experiencia vidente del mundo espiritual tenía que vivirse en el alma consciente. Captaba un conocimiento espiritual antiguo de la humanidad que tenía carácter de ensueño. Se percibían imágenes del mundo espiritual que no eran desarrolladas por la voluntad cognoscitiva con plena claridad del pensamiento, ya que entraban en el alma como ensueños enviados desde el cosmos.
Este antiguo conocimiento se perdió en la edad media.
La misión del conocimiento en la actualidad es acercarse al mundo espiritual con una conciencia enteramente despierta. Afirma Steiner que en la Sociedad Teosófica no comprendieron esta nueva forma de conocimiento del espíritu, en la que reinaba una antipatía al respecto, una de las causas de su alejamiento de la misma.
Por medio de múltiples procesos de imaginación, inspiración e intuición fué Steiner poco a poco adentrándose en el mundo del espíritu, lo cual iba reflejándose en sus libros y escritos.
De 1901 a 1908 se encontraba con todas sus fuerzas anímicas bajo la impresión de los seres y los hechos que venían hacia él desde el mundo espiritual; no obstante, siempre quiso hacer justicia al método científico reconocido, adaptando las verdades descubiertas a la observación del mundo sensible y a los resultados de la ciencia física.
Tras el estudio de lo que proviene de la observación de los fenómenos físicos las ideas adquieren una vida interior independiente al liberarse de los sentidos, y entonces nos percatamos de dichas ideas liberadas, que viven y tejen en el alma, vivenciándolas al igual que vivenciamos los colores, sonidos y demás sensaciones.
En las ciencias naturales no se da por concluido un conocimiento hasta finalizar todos los experimentos y observaciones necesarias, y hasta completar los cálculos y datos con exactitud. Según Steiner, la investigación espiritual, al principio, es algo borroso y opaco, ya que la conciencia aún no tiene el poder de aprehender el contenido espiritual de las visiones. El alma, en sus profundidades espirituales, debe convivir en el mundo espiritual sin el estorbo de la conciencia.
En la ciencia espiritual se precisan la misma rectitud de conciencia y metódica disciplina del conocimiento que en las ciencias naturales. Por ello Steiner propugna examinar la conciencia en cuanto a su relación con la verdad a conocer, y saber esperar con paciencia, tenacidad y justeza hasta que se pase el examen de la conciencia, que entonces debe haber fortalecido su capacidad conceptual lo suficiente para introducir en ella la videncia sometida a prueba.
Dicho de otra forma: Hay que acercarse con paciente espera a una observación espiritual, y tras lograr la madurez de la conciencia, es necesario movilizar las ideas para introducir dicha observación visualizada en el dominio del conocimiento humano
Para Steiner estaba claro que la evolución no era algo supeditado a meras leyes orgánicas y mecanicistas, sino algo conducido por jerarquías espirituales, desde los seres vivos mas simples pasando por los mas complejos, hasta llegar al hombre.
Relata Steiner como, mas tarde, llegó a la percepción imaginativa de que en los tiempos primitivos existió una esencialidad distinta de los organismos simples, teniendo conciencia de que el hombre como ente espiritual es mas antiguo que todos los demás seres vivos, y que tuvo que separase del ser cósmico que le contenía, junto con los otros organismos, para tomar su configuración física actual.
Los otros organismos son residuos de la evolución humana: no produjeron ellos al hombre, sino que éste los dejó atrás para poder formar su figura física como expresión de su ser espiritual. De esta forma pudo Steiner lograr el conocimiento del hombre como ser macrocósmico, que encierra en sí todo el restante mundo terrenal, separándolo luego de su entidad para transformarse en microcosmos.
Al trascender los pensamientos abstractos comunes hacia las percepciones espirituales, el hombre vive en una realidad alejada de la conciencia común. La percepción espiritual percibe al Espíritu al igual que los sentidos perciben a la Naturaleza.
A los 22 años se encontraba ante una percepción que no dependía de un oscuro sentimiento místico, sino que se desarrollaba en una actividad mental comparable, por su transparencia, con el pensamiento matemático. Tenía plena fe en la esencia espiritual del mundo frente a las razones materialistas, que, presuntamente, derivaban de las ciencias naturales. Según manifiesta, ya de joven tuvo que reunir todos sus conocimientos para refutar los argumentos extraídos del pensar materialista contra la concepción espiritual del mundo.
Steiner veía en el alma del pueblo un verdadero ser espiritual que vive en la comunidad de las personas individuales que pertenecen a dicho pueblo.
En esa época Steiner era contrario a detenerse en contemplaciones filosóficas; lo que deseaba era interpretar correctamente los fenómenos naturales, por lo que sintió la necesidad de profundizar en el estudio de las ciencias naturales, en especial en Anatomía y Fisiología.
Contemplando espiritualmente las manifestaciones del alma (pensar, sentir y querer) se formaba en él un cuadro vivo del “ser espiritual del hombre”: veía fuerzas creadoras que evocaban al “hombre como espíritu”. La manifestación sensorial del ser humano se le completaba, entonces, con la forma espiritual que percibía en el mundo sensible; la Anatomía y Fisiología le conducían hacia esa forma sensible-suprasensible, comprendiendo que la verdadera concepción de la Naturaleza y del espíritu percibe dicha forma como intermedia entre los seres sensoriales y los espiritualmente perceptibles.
Ante el alma de Steiner surgía la idea de un mundo sensible sediento de espíritu, anhelante de belleza y verdad. Comprendía que dicho mundo sensible no era la verdadera realidad: el alma humana aparece como verdadera realidad cuando activa un pensar que se despliega en una actividad libre que se eleva por encima del mundo sensible. En este pensar “independiente de los sentidos” el alma se encuentra en la esencia espiritual del mundo. Para Steiner no existen límites al conocimiento: la verdadera realidad debe buscarse en el interior del ser humano.
El hombre, al nacer, entra en la existencia terrenal y, al evolucionar, desarrolla el conocimiento del mundo. En primer lugar se le abre la percepción sensorial, que no abarca todo el contenido del mundo, creando una imagen ilusoria del mismo; con el pensar independiente de los sentidos, afirma Steiner, la ilusión se impregna de realidad, y deja de ser ilusión. El Espíritu humano que se auto experimenta en su alma encuentra entonces el espíritu del mundo que ya no se oculta detrás del mundo sensible, sino que vive y despliega su esencia en él.
A la edad de 30 años, quería mostrar, sobre todo, que la esencia de la naturaleza del mundo sensible es verdaderamente espiritual, es Espíritu.
Veía al místico como a alguien que no se puede orientar en el mundo de las ideas (en el que vive el espíritu). Le parecía señal de pobreza espiritual el querer sumergirse en el alma carente de ideas, para lograr la satisfacción anímica. Pensaba que se puede llegar a la misma forma de vivencia interior si uno se sumerge profundamente en el alma con pleno y claro contenido del mundo de las ideas.
Su concepción del mundo se basaba en una vivencia mística de las ideas, pudiéndose llegar a lo espiritual por el camino del conocimiento. La confluencia de la verdadera realidad del mundo exterior, con la verdadera realidad en el interior del alma, sólo se logra, para la conciencia cognoscitiva, mediante una intensa actividad espiritual del alma.
Es la etapa de la vida de Steiner en la que escribe su
"Filosofía de la Libertad", o filosofía de la actividad espiritual, basada en la experiencia que consiste en el entendimiento de la conciencia consigo misma. Intenta demostrar que la libertad se ejercita en la voluntad, se vivencia en el sentir y se conoce en el pensar. Los pensamientos reciben la vivencia y se asemejan a la vivencia exterior sensorial del mundo; entonces ya no se hace distinción entre la cognición de la Naturaleza y la del Espíritu (que es la metamorfosis de la Naturaleza).
En una disertación sobre la
"Fantasía como creadora de la Cultura" Steiner manifiesta que la fantasía es la puerta por la cual las entidades espirituales creadoras penetran en la evolución de las culturas a través de los hombres.
Una parte de la fantasía se desarrolla en la vida de los sueños: las impresiones sensorias de la vida amortiguada en la conciencia onírica, se transforman en cuadros alusivos de la vida de vigilia. Los procesos corporales internos se presentan en imágenes simbólicas. Al soñar, la conciencia está semiamortiguada, se hunde en la realidad físico-sensoria y contempla allí el predominio de lo espiritual sobre la existencia sensible. En la fantasía el alma se eleva por encima del estado de conciencia común. La conciencia no llega hasta la visión del mundo espiritual, pero lo vivencia en cuadros basados en el mundo sensible. Las creaciones de la fantasía se convierten en producciones del mundo espiritual, sin que éste penetre en la conciencia del hombre.
Según Steiner, es uno de los caminos que toman las entidades espirituales para trabajar en la evolución de la vida.
El hombre capta la parte física de la realidad por medio de los sentidos, y la parte espiritual "desde dentro" por la percepción espiritual. Todo lo que se experimenta, afirma, aparece entonces como un único mundo en el cual lo sensible representa el espíritu, y el espíritu se revela creador en lo sensible. Para Steiner, la esencia del "mundo exterior" se percibe siempre cuando uno puede entregarse a ella con amor, aunque deba volver siempre al mundo interior del espíritu. Así se aprende a vivir verdaderamente en lo espiritual.
Steiner llega a una concepción de la Naturaleza que quiere explicar la evolución del mundo ignorando su contenido espiritual-moral.
El pensamiento se basa sobre la hipótesis del origen puramente material del mundo, siendo entonces lo espiritual-moral resultado de la obra de la naturaleza. Su concepción espiritual enseña, al contrario, que por encima del acontecer natural y de la ética espiritual existe una verdadera realidad que se manifiesta moralmente, y que la actividad moral también tiene el poder de transformarse en un acontecer que se desarrolla como acontecer natural.
Detrás del mundo sensible no existe algo desconocido, sino que dentro de él se haya el mundo del espíritu, n el que se fundamenta el mundo humano de las ideas. Para Steiner, la meta del proceso cognoscitivo es lograr la vivencia consciente del mundo espiritual, ante la cual todo deviene espíritu.
En su
"Filosofía de la Libertad", busca encontrar el espíritu mediante la ampliación de la conciencia, cómo en la experiencia subjetiva se enciende la luz del espíritu, que el mundo sensible es esencialmente espiritual, y que el hombre, como ser anímico vive y se desenvuelve en un elemento espiritual por medio de la verdadera cognición del mundo sensible.
De igual forma que el hombre experimenta los colores, sonidos, etc. en su vivencia consciente, también puede vivenciar ideas puras, independientes de toda percepción exterior y con vida propia. Y en estas ideas se encuentra el verdadero espíritu.
En ellas se ilumina la naturaleza entera ante el conocimiento, la materia aparece entonces como mera ilusión o apariencia, y todo ser físico se descubre como espíritu. Debido a la experiencia espiritual que se abría a la videncia inmediata que Steiner poseía, según relata, veía la Naturaleza como espíritu y su afán era el crear una ciencia natural acorde con el espíritu.
Para lograr una real vivencia de lo espiritual es necesario desarrollar las fuerzas cognoscitivas de la imaginación, inspiración e intuición, tal como enseña de forma práctica en su libro “¿Cómo se adquiere el conocimiento de los mundos superiores?, pero señala que la primera chispa de la revelación espiritual que surge en el hombre que se sabe libre, llega de la “fantasía”, que alejada de lo fantasioso, se convierte en imagen de la realidad espiritual.
Alrededor de los 35 años, comenzó a operarse un profundo cambio en su alma, caracterizado porque su poder de observación de las cosas, los seres y procesos del mundo físico adquirió mayor penetración y exactitud, tanto para la vida exterior como para las ciencias.
Con anterioridad, su alma asimilaba sin esfuerzo las cuestiones científicas asequibles a la comprensión espiritual, pero la percepción sensorial y la memorización le costaba grandes esfuerzos. Se despertó en él una atención, antes desconocida, para la percepción sensorial. El mundo espiritual y el sensible se le presentaron entonces, en su total contraste, delante del alma: comprendió que el mundo entero, fuera del hombre, es un enigma, y que la solución está en el hombre mismo.
El conocimiento llegó a ser para Steiner un factor que no pertenecía únicamente al hombre, sino también al ser y a la evolución del mundo. El hombre no es el ser que "crea" el contenido del conocimiento para si, sino que él ofrece en su alma el escenario en el cual el mundo vivencia, en parte, su existencia y su devenir.
El conocimiento que vive en el alma humana debe ser tan lúcido y claro como lo son, a su modo, los objetos y procesos físicos. En la vida del alma de Steiner surgió, como necesidad existencial, algo que exigía la meditación, de capital importancia para el conocimiento del mundo espiritual. En el ejercicio de la meditación, nacida de una real necesidad espiritual de la vida, se desarrolla progresivamente, según Steiner, la conciencia de un "hombre espiritual interior", que puede vivir, percibir y moverse totalmente desprendido del mundo físico.
El modo de pensar materialista mira la materia y no percibe que, en realidad, está ante el espíritu que aparece solamente en la forma material. No sabe que el espíritu se transforma en materia, para lograr las maneras de obrar que sólo son posibles en esta transformación. Devela Steiner que el espíritu debe adoptar peimero la forma del cerebro material para conducir en él la vida del mundo intelectual, que confiere al hombre la autoconciencia, gracias a la cual puede obrar con libertad en su vida terrenal.
En el cerebro el espíritu emerge de la materia, pero sólo después de que el cerebro físico haya surgido del espíritu. Lo que aparece en el hombre como espíritu, y subyace en la naturaleza, no es espíritu ni naturaleza, sino completa unidad de ambos, espíritu creador, que creando, engendra la materia, y que debido a ello es, al mismo tiempo, materia que se muestra totalmente como espíritu.
Publicado por la
Sublime Aghartha Sangha786